Sol… Sangre… y arena.
(La cornada.)
Suenan los clarines
en la tarde de sol,
la plaza llena,
y todos de pie al ver salir la cuadrilla,
que sale lenta en su gran paseillo.
Los trajes de luces resplandecen
al ser tocados por la luz,
que arranca a la lentejuela
el brillo como si fuera una gran estrella.
Saludo a los tendidos,
y todos se aprestan
a que se inicie la faena,
donde todos fijan la Mirada…
en el centro de la arena.
Suenan los clarines,
y todo en silencio…
ya viene el temido animal,
al que debera´ enfrentar
el desafiante matador.
Como rayo veloz
llega a la arena,
arremetiendo como el mas salvaje,
y corre confundido buscando que embestir,
como a la playa el fuerte oleaje.
Su color negro tinto,
brilla por el sudor,
y su gran figura parece de estatua
que se engalana con dos filosos cuernos,
agudos como dagas.
Sale el matador… viene a su encuentro,
y el toro se arranca en franca enbestida,
el lo recibe con un afarolado,
que arranca oles de los tendidos,
con una veronica lenta como paso del sol en el tejado,
y remata con una chicuelina,
que deja al noble animal descontrolado.
Suenan los clarines,
y se anuncia con su cantar, el cambio de tercio,
sale el picador
montado en un noble caballo,
a quien los ojos se le han vendado
como para que no vea el peligro que le acecha,
para que no vea el castigo que le han dado.
El picador se ensaña
cuando el toro lo embiste,
y con su vara con punta de acero,
rompe el lomo del toro encima de la cruz,
y mana la sangre como agua en la fuente,
como manantial en el campo,
y su color se ve aun mas rojo al reflejo de la luz.
Suenan los clarines,
y ahi vienen las banderillas…
como si no fuera suficiente el castigo,
como si no fuera total el martirio,
un agil banderillero deja un par impecable,
que se queda en lo alto enarbolando el color
disminuyendo aun mas su fuerza.
Suenan los clarines
y ya el aliento del toro
esta por lo mas bajo, por el mas bajo escaño,
sus extremidades apenas lo sostienen,
su fuerza ya casi es ninguna,
pero su sangre valiente,
lo impulsa a seguir atacando el engaño.
El matador camina muy ufano,
y se acerca a su bruto enemigo,
aquel toro dolido,
que despues de duro castigo,
ya casi esta vencido.
con su ayudado lo incita a embestir,
y lo embarca en un sobervio natural,
y hasta acaricia su lomo cuando pasa junto a el
siguiendo el engaño,
estan tan cerca que sus pieles se sienten,
y el traje de luces
de carmesi’ se mancha,
ya no hay esperanza,
al toro solo le queda la suerte.
Se para de frente,
y quedan mirandose a los ojos,
el hombre…sentenciando su oponente a muerte,
su traje de luces ahora con lentejuelas sangrantes,
su frente sudorosa luce perlada,
la arena alrrededor esta destendida
como sabana en cama de amantes.
El toro con la cabeza baja,
humillado y vencido,nada lo mitiga,
ya solo ve la borrosa figura,
de aquel que le apunta,
y abre aun mas sus ojos,
para alcanzar a percibir
la mirada de aquel que lo castiga.
Cierne la calma, y todo es silencio…
el hombre levanta la espada a la altura de su cara,
inclina su cuerpo, y adelanta el engaño,
sabe que con su accion,
le va a hacer a aquel noble animal
mucho daño.
El toro parece que espera el momento para arrancar,
su bravura es sinigual,
nada cruza entre los dos, solo los une la Mirada,
el matador adelanta un paso,
ha llegado el momento,
y el toro embiste…
y en subito movimiento,
con su cuerno como daga, da en el blanco…
por fin da una cornada al inmisericordioso matador,
el animal siente como su arma en la carne se hunde,
y levanta la cabeza,
y en medio de un grito aterrador,
el matador gira en el aire,
y cae mal herido.
El toro detiene su embestida,
y se queda mirando,
como perdonando a su enemigo,
se queda parado
y ve como los alternos,
levantan a su verdugo,
asi como el…con su cuerpo sangrando.
Silencio…
ni los sub-alternos
se aprestan de el toro..
que ya al final ha herido a su matador…
el noble animal ya sin fuerza,
busca una salida, busca donde reposar,
ya cumplio su faena,
y aunque maltrecho y mal herido,
se encamina a los corrales por la puerta que se abre,
y se adentra para huir del bullicio, del sol y de la arena
que ahora esta mezclada con su sangre,
y tambien con la del matador.
No han sonado los clarines…
pero por su bravura, y valentia…
la estirpe de este noble,
pasara a ser perdurada…
y su descendencia ;;llevara’ en la sangre
los afanes de realizar una gran faena.
Con su vida condonada,
regresara’a su dehesa,
volvera a recorrer las Colinas y los pastisales,
alla sera ahora un gran semental,
mientras que aquel que seria su matador…
va mal herido y con rumbo al hospital.
Vidal